Autoorganización: gozo, aprendizaje y producción

Un principio clave es que “aprender es un acto de libertad” (Carbonell, 2015, p. 101). El ser humano aprende de su interacción con su entorno, pero dicha interacción debe ser libre, espontánea y apasionada. Permitir un juego verdaderamente libre y unas relaciones realmente libres con un entorno de aprendizaje, estimula al alumnado para que sea más hábil, perspicaz, fuerte, alegre y seguro (García López, Poveda García y Wills Fonseca, 2017b; Lacayo y Coello, 1992).

Una escuela debe identificar en las personas una necesidad autónoma de aprendizaje, una capacidad autodidacta y una curiosidad innata para acercarse al conocimiento. Por tanto, el profesorado, no puede considerar al alumnado como un banco de datos que no tiene la capacidad de contribuir en su propia formación. De hecho, García (2010) nos indica que el aprendizaje y la educación pueden desarrollarse sin la institución, sin la legitimación de ningún tipo de escuela mecanicista y sin la instrucción directiva, basándose en diversos y múltiples climas, contextos, estímulos, espacios-tiempos de posibilidades, relaciones de afecto real, detonando intereses, lugares diversos y formas propias de abordar el conocimiento y el saber.

En las escuelas  no debe haber enseñanza, ni instrucción. El profesorado como acompañante debe intentar satisfacer la necesidad y el interés de aprendizaje de cada niño/a y facilitar las condiciones de aprendizaje para que el alumnado esté motivado e interesado en adquirir nuevos saberes. También controla su trabajo y el currículo que se desarrolla, cuestionando y reflexionando permanentemente sobre su práctica para encauzarla y mejorarla, emprendiendo procesos de investigación-acción participativa y crítica (García Gómez, 2011; García López, Poveda García y Wills Fonseca, 2017b). Tal y como señala Carbonell (2015), su papel es de acompañamiento, facilitación y mediación.

García Gómez (2011) nos señala que el alumnado mantiene una postura activa cuestionando y reflexionando, es decir reconstruyendo el conocimiento para aprender de forma significativa y relevante. En consecuencia, no existe ningún currículo o bien el currículo de estas escuelas se va generando en la acción. No existen unos contenidos que hay que impartir obligatoriamente en un momento determinado del proceso educativo, ni se obliga tampoco a que una mayoría imponga su decisión a las minorías. De hecho, todas las actividades propuestas por las personas adultas o por otros niños/as son, en principio, voluntarias, ya que no son más que propuestas de experiencias, a partir de las cuales cada niño/a, desde la percepción de su estado y de sus necesidades actuales, debe decidir si desea o no aceptarlas (Xarxa d’Educació Lliure, 2017).

Herrero Cadarso (2004), señala la importancia de respetar el derecho a aprender lo que cada uno desea aprender (lo que el autor denomina al enfoque “Autodidacta”). Lo único que se necesita para aprender es tiempo y el apoyo necesario cuando se solicita. “Las personas aprenden mejor aquello en lo que tienen más curiosidad; hacen mejor aquellas tareas que han aprendido mejor y a la sociedad le aprovechan más las personas que hacen aquello que mejor son capaces de hacer” (Greenberg, 2003, p. 166). Pero para ello la escuela alternativa debe oponerse a la autoridad que demanda relaciones arbitrarias de poder y a aquella que se hace obedecer para conseguir sumisión (Cuevas Noa, 2003). Una educación antiautoritaria pone al estudiante en el centro de la relación educativa y desde sus intereses y su libertad. El objetivo final del antiautoritarismo pedagógico es conseguir que el alumnado sea dueño de su propia vida y que no se deje oprimir ni explotar (García Moriyón, 1986). Se trata de educar en el rechazo de la autoridad, en evitar la sumisión y en desarrollar un aprendizaje de la autonomía y de la libertad.

Existe otro tipo de autoridad, digamos de tipo moral, que se basa en el reconocimiento de la sabiduría de determinadas personas, que despiertan admiración (no sumisión) y que se entiende como un tipo de autoridad “positiva” que se acepta porque ayudan al crecimiento autónomo del educando. (Cuevas Noa, 2003, pp. 82-83)

Sólo educando en el rechazo de la autoridad, en evitar la sumisión y en desarrollar un aprendizaje de la autonomía y de la libertad es posible conseguir que en la escuela genere cotidianamente y al mismo tiempo gozo, aprendizaje y producción (García López, Poveda García y Wills Fonseca, 2017b). Las experiencias educativas donde la gente aprendía actividades u oficios con el quehacer mismo (antes de la creación de escuelas como formalmente las conocemos tras la Revolución Industrial), sin la mediación necesaria de maestros/as titulados/as y por fuera de la rigidez de un aula, son la base de la relación instrucción-aprendizaje-acción que promueven algunas escuelas.

Sergio Carneros

Referencias de los autores/as citados: Aquí

PARA CITAR: CARNEROS, S. (2018). LA ESCUELA ALTERNATIVA: UN MODELO EN BÚSQUEDA DE LA JUSTICIA SOCIAL Y AMBIENTAL. TESIS DOCTORAL. UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID.

 

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