Levantando la mano

Te escribo este email con motivo del orden y participación existente en tu aula. Sí, era tu aula, solo tuya, con tus normas, tu disciplina y tus reglas de intervención. Al permitirnos levantar la mano para hablar solo al final de tus largas explicaciones, creabas aquel clima monótono, inmutable, sentenciado, planificado, sin preguntas, sin ilusión, convirtiendo a tu alumnado en muebles, tu figura en autoridad y aquel ambiente en algo normal y necesario para aprender.

Fueron decenas de veces las que habiendo levantado la mano me dijiste «ahora no» o me hiciste un gesto autoritario para que la bajase. Yo aprendí cuándo debía preguntarte, pero no desaparecieron mis ganas de participar. Sin embargo, no todos corrieron la misma suerte. Me cuesta recordar la voz de César, María o Alejandro. Nunca hablaron en clase y, poco a poco, en ese clima de aula que creaste, participar se convirtió en su gran miedo. ¿Qué será de ellos ahora?

En tu aula todos asimilamos que solo se podía preguntar cuando tú lo permitías, y responder o decir lo que tú querías oír. Contigo perdimos la oportunidad de aprender a intervenir, a debatir, a equivocarnos, a decidir, a profundizar, a consensuar, a organizarnos, a hablar de temas significativos, trascendentales y enriquecedores. Perdimos la oportunidad en la escuela y fuera de ella, pues la televisión, los videojuegos, la moda, el dinero, los juguetes, las películas, la política y, en general, un mundo donde levantar la mano no servía de mucho, nos lo puso también difícil.

Sé que estarás pensando: «¿Entonces cómo voy a controlar la clase?». Tal vez el planteamiento de la pregunta sea el problema. No obstante, si lo que te preocupa es cómo vas a hacer para que hablemos e intervengamos de forma respetuosa y ordenada, te diré que primero es necesario que seamos conscientes, por nosotros mismos, de la necesidad de organizarse para poder participar y expresarse de la mejor forma posible. Una vez lo consigamos, podremos integrar de manera natural alguna de las muchas formas de organización participativa existentes.

Aún me pregunto por qué defiendes aquella rígida forma de participación; todos sabemos que no ha llegado muy lejos. Observa a tu anterior alumnado en los debates de televisión, en una conversación acalorada entre amigos o en una discusión con un compañero de trabajo. ¿Orgullosa?

Mi preocupación aumenta cuando veo cómo las normas, la disciplina y los hábitos organizativos de tu escuela solo han contribuido a que el ciudadano participe cuando y como se lo indican, olvidando que es un derecho y una necesidad que alberga un gran poder.

Por el futuro de esta sociedad deberías preguntarte cómo quieres que sea la participación de las próximas generaciones que hoy constituyen tu alumnado.

Tú participas, tú decides.

Sergio Carneros

Email 6. “Emails a una Maestra”

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