La explotación desde la escuela

La escuela disciplina al joven para obtener
adultos
subordinados que mantengan la
desigualdad
del sistema y acepten ser explotados

Según Young (2000b) la explotación reside en los procesos sociales que llevan a cabo una transferencia de energías de un grupo a otro para producir distribuciones desiguales, y en el modo en que las instituciones permiten la acumulación por parte de unas pocas personas y la carencia por parte de la mayoría. La idea central del concepto de explotación es que las personas desposeídas se dedican por completo a mantener y aumentar el poder, categoría y riqueza de las personas poseedoras.

La escuela como institución social contribuye a que ciertos grupos culturales o etnias sean explotados. Tyler y Lofstrom (2009) refuerzan esta idea al obtener como resultados que los y las jóvenes que abandonan los estudios suelen percibir salarios que son entre un 30% y un 35% más bajos que el alumnado graduado en enseñanza secundaria.

Autores/as históricos como Bowles y Gintis, (1985), Carnoy (1974) o Sarup (1978), señalan que el sistema educativo es básicamente un método para disciplinar niños/as con el objeto de producir una población adulta subordinada la cual solo pueda reproducir desigualdades. Se busca, por tanto, una educación que preparare a los y las estudiantes para ser buenos/as trabajadores/as. Esto se consigue mediante una equivalencia entre las relaciones sociales de producción y las relaciones escolares (por ejemplo, el fracaso escolar como equivalencia con el paro o el premio escolar con el salario).

Para Foulcault (1976, 1982), la escuela intenta permanentemente disciplinar al joven, y para ello trabaja cotidianamente la política del poder, para que hagan lo que se desea y actúen como se quiere, con el único objetivo de mejorar la producción, y por tanto de continuar la explotación.

En esta misma línea, Baudelot y Establet (1980) consideran que la escuela realiza la distribución de los individuos en dos masas desiguales, los explotados y los agentes de explotación, en una proporción de tres a uno. Los individuos explotados con un saber basado en conocimientos concretos y destrezas, profundamente moralista y utilitario, y los agentes de explotación con la fuente del conocimiento científico, del culto y la profundidad filosófica (Rodríguez y Escofet, 2007).

Young (2000b) señala que mientras no se modifiquen las prácticas institucionalizadas y las relaciones estructurales, la explotación no se eliminará. La redistribución de bienes por sí misma volvería a crear una desigual distribución de beneficios. En palabras de Young (2000b, p. 93) “Hacer Justicia donde hay explotación requiere reorganizar las instituciones y las prácticas de toma de decisiones, modificar la división del trabajo y tomar medidas similares para el cambio institucional, estructural y cultural”.

Paulo Freire (1970) en su libro “Pedagogía del oprimido”, critica el sistema educativo tradicional como instrumento de explotación y presenta una nueva pedagogía donde docentes y estudiantes trabajan juntos para desarrollar una visión crítica del mundo en que viven.

Construyamos una sociedad sin explotación, luchemos desde la escuela.

Sergio Carneros

Referencias de los autores/as citados: Aquí

PARA CITAR: CARNEROS, S. (2018). LA ESCUELA ALTERNATIVA: UN MODELO EN BÚSQUEDA DE LA JUSTICIA SOCIAL Y AMBIENTAL. TESIS DOCTORAL. UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID.

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