Construcción de Territorios justos y sostenibles

El horizonte del modelo ChanGo es la transformación de los territorios para que sean justos y sostenibles. Es necesario explicitar que cuando escogemos un enfoque territorial lo hacemos considerando sus distintas dimensiones. Dentro de la tradición filosófico política de la modernidad euro-occidental, el territorio ha sido entendido bajo unas concepciones rígidas de territorialidad, diseñadas en primera instancia para el apuntalamiento de estados liberales capitalistas, lo cual implica que se hayan llevado a cabo procesos de dominio económico y político sobre las geografías, sus poblaciones y sus recursos. Frente a esto, existen perspectivas críticas que complejizan esta noción tradicional tomando en cuenta dimensiones adicionales del territorio, como la simbólica y la ecosistémica, que contemplan una diversidad de normatividades, formas particulares de apropiación del territorio y procesos identitarios de las localidades que además se relacionan con flujos ecosistémicos, lo cual proporciona una visión mucho más fluctuante y viva del territorio. . 

Por lo tanto, concebimos a los territorios como espacios construidos socialmente a partir de un conjunto de interacciones entre sociedad y naturaleza, en el que se llevan a cabo tanto las disputas de poder como las relaciones de cooperación entre diversos actores que sostienen diferentes proyectos. El territorio es el espacio en el que se despliegan procesos culturales de significación, procesos ecosistémicos y procesos económicos en los que se utilizan una variedad de recursos para la satisfacción de las necesidades comunitarias. Se entiende entonces que los territorios no son fijos, sino mutables y cambiantes, y que las posibilidades de su transformación están vinculadas al sistema de interacciones que lo constituyen.

Ahora bien, ¿cómo es un territorio justo y sostenible? Definir un territorio justo es una tarea compleja, puesto que la justicia es, quizás, uno de los conceptos que más debates ha despertado desde hace siglos. De igual manera, desde diferentes perspectivas se ha planteado una diversidad de conceptos y definiciones asociadas a la sostenibilidad. De este modo, basándonos en los resultados y conclusiones del proceso participativo, redefinimos y ampliamos el concepto de territorio justo y sostenible. 

Partiendo de reconocer el carácter integral y multidimensional de los ecosistemas y la interdependencia de la diversidad biocultural, entendemos a un territorio justo y sostenible como aquel en el que existen todos los bienes y servicios dignos necesarios para garantizar el bienestar de la comunidad, la cual habita sus territorios en armonía con el entorno. Por ello, un territorio justo y sostenible implica: 

  • Equidad: se construyen relaciones y se toman decisiones dentro de un marco de derechos, considerando la posicionalidad de cada persona o colectivo dentro de estructuras socio-históricas de poder, sus posibilidades, condiciones y características. Esto con el propósito de eliminar actitudes de exclusión, desigualdad o discriminación (tanto en humanos como en otras especies).
  • Reconocimiento: se visibiliza y respeta la diversidad de pensamientos, culturas, saberes, nacionalidades e identidades que coexisten en un territorio, anulando las jerarquías por las que ciertas identidades, prácticas sociales y productos culturales no son respetados. Desde una perspectiva ecológica, el reconocimiento se extiende también a la naturaleza y a los ecosistemas, como entes con capacidad de acción y con un dinamismo propio.
  • Participación: se garantizan espacios de participación, especialmente para los sectores o grupos históricamente excluidos, en los que se pueda decidir sobre los aspectos que afectan a su vida y la de su entorno, fomentando la resolución de problemas comunes. La democracia y la horizontalidad son prácticas cotidianas fundamentales. 
  • Redistribución: se distribuyen de forma equitativa los bienes y servicios, así como los beneficios y los riesgos medioambientales, entre los miembros, individuales o colectivos, de una sociedad. 
  • Autonomía y Libertad: las personas y las comunidades toman decisiones y ponen en práctica aquello decidido desde la responsabilidad individual y colectiva. 
  • Cooperación: se trabaja de forma colaborativa entre todas las partes responsables y afectadas por cualquier problema o reto, para encontrar la mejor solución.

Partiendo de una perspectiva ecosistémica para abordar al territorio, que reconoce los vínculos de continuidad, interrelación y condicionamiento mutuo entre el mundo natural biofísico y el mundo social, entendemos que para conseguir un territorio justo y sostenible es imprescindible contar con fundamentos socioambientales mínimos que garantizan la justicia social, el bienestar económico y el equilibrio ambiental. Nos referimos a continuación a estos como a un conjunto de bienes, servicios, derechos y recursos que deben ser garantizados de forma equitativa entre todas las personas para alcanzar formas de vida socialmente dignas y ambientalmente respetuosas.

  • Agua: Acceso a servicios de agua y saneamiento seguros y de calidad. Disponibilidad de agua no contaminada para diversos usos (consumo, productivos, recreativos, etc.)
  • Salud: Acceso a servicios de salud integrales y de calidad que incluyen medicina preventiva, la promoción de hábitos saludables, la atención universal, el acceso a medicamentos, la salud mental. Deben establecerse redes de servicios de salud enfocados en las necesidades de sus usuarios, que sean acordes a la diversidad cultural, sexual y etaria.
  • Educación: Acceso a educación de calidad, transformadora y emancipadora, en los diferentes niveles (inicial, básica, secundaria y superior). Esta es inclusiva, participativa, democrática, disponible en el propio territorio, con pertinencia cultural y ambiental, y atenta a las necesidades educativas específicas. 
  • Alimento: Acceso de manera regular y libre a una alimentación adecuada y suficiente, que promueva seguridad y soberanía alimentaria.
  • Transporte: Acceso a servicios de movilidad adecuados y sostenibles. Incluye la calidad en la infraestructura de movilidad: estado de las vías, accesibilidad (sobre todo en áreas rurales), regularidad del transporte público, etc.
  • Telecomunicaciones: Acceso a tecnologías de información y comunicación que amplíen las posibilidades de intercambio, difusión, participación y desarrollo de capacidades y conocimientos.
  • Energía: Acceso a energía para diversos usos (productivos, transporte, cotidianos). Incremento del desarrollo de energías renovables para reducir la dependencia de energías fósiles. 
  • Vivienda: Acceso a vivienda digna, adecuada y segura, en condiciones de igualdad. 
  • Identidad cultural: Expresión, preservación y transmisión de los valores, saberes, prácticas, lenguajes, memoria y patrimonio tangible e intangible de las comunidades, pueblos, nacionalidades o diversos colectivos (LGBT, culturas urbanas, migrantes, etc.). Afirmación de las identidades, reconocimiento mutuo y valorización de la diversidad.
  • Recreación: Acceso a actividades de recreación artística y deportiva para el esparcimiento físico y mental. Tiempo libre, de disfrute, de descanso y de ocio.
  • Seguridad: Hábitat seguro y saludable, asentado en una cultura de paz y seguridad ciudadana. La construcción de una cultura de paz, entendida no sólo como el fin de los conflictos armados y la violencia física, sino también desde la garantía de los derechos fundamentales para que las personas logren sentirse tranquilas a lo largo de sus vidas.
  • Gobernanza: Capacidad colectiva de enfrentarse a problemas comunes a partir de la articulación y cooperación entre actores de diversa naturaleza, garantizando la participación y representación de todos los actores locales. Esto implica formas de organización horizontales, recíprocas y participativas.
  • Ingreso y trabajo: Formas de ganarse la vida que sean justas y sostenibles, y generen ingresos suficientes para lograr una vida digna. Las condiciones de trabajo deben ser seguras, saludables y no degradantes.
  • Conservación: Acciones, políticas y regulaciones encaminadas a la planificación continua de la conservación de especies vivas y recursos naturales, con el objetivo principal de reparar las relaciones interespecie, y de este modo construir entornos naturales equilibrados en los que los organismos vivos no solamente puedan sobrevivir, sino que puedan también prosperar en la coexistencia.


Cabe hacer la aclaración que para concretar todos estos fundamentos socioambientales, es necesario contar con una infraestructura básica, esto es, un conjunto de instalaciones, servicios y medios técnicos que den soporte al desarrollo de un territorio, el cual dependerá de cada territorio, definiendo cada caso por medio de una contextualización que saque a flote los requerimientos para garantizar cada uno de los fundamentos. 

Por otro lado, como resultado del proceso participativo y de la reflexión colectiva identificamos que los límites y excesos que truncan el desarrollo y aseguramiento de los fundamentos socioambientales están relacionados con conflictos ambientales. Es importante identificar a estos:

  • Explotación: Consiste en el uso bajo una racionalidad meramente instrumental de los bienes naturales y de las formas de vida animal.
  • Cambio climático: Cambios a largo plazo en las temperaturas y los patrones climáticos. Desde el siglo XIX las actividades humanas han sido su principal motor, debido principalmente a las emisiones de gases de efecto invernadero. La energía, la industria, el transporte y la agricultura se encuentran entre los principales emisores de estos gases.
  • Pérdida de biodiversidad: Disminución en número y variedad de especies de plantas y animales dentro de un ecosistema. Las principales presiones antropogénicas que causan pérdida de la biodiversidad son la sobreexplotación del medio natural, los cambios de uso de suelo (agricultura o expansión urbana), la contaminación, la introducción de especies exóticas invasoras y algunos de los efectos del cambio climático.
  • Contaminación: Alteración de las características físicas, químicas o biológicas de un ecosistema, cuyos efectos son adversos para la salud, la seguridad y el bienestar de la vida humana, vegetal y animal. Se deriva de actividades humanas y puede manifestarse local, regional o globalmente. 

CÓMO CITAR

Carneros, S., Paredes, S., Zamboni, V. (Coords.) (2022). Repensando el Modelo Chango. Fundación Vueltas: Quito

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