Los medios de vida refieren a las formas en que una persona, hogar o comunidad logra mantener una vida digna y superar cualquier tipo de privación. El empleo suele ser la forma más reconocida de provisión de medios de vida. No obstante, en los contextos territoriales (típicamente los no urbanos) nos encontramos con una enorme diversidad de actividades, estrategias y fuentes de alimentación e ingresos que las personas realizan y utilizan. En estos procesos productivos y reproductivos, las comunidades ponen en juego distintos tipos de capitales con los que cuentan: físico, natural, social/cultural.
Para la consecución de territorios justos y sostenibles es primordial promover medios de vida que brinden a las comunidades bienestar sin el perjuicio de otros ni del entorno natural. En este sentido, un medio de vida justo y sostenible se fundamenta en la gestión de los recursos locales sin socavar el entorno natural, ni comprometer las opciones de subsistencia de otros—en el presente y en el futuro— garantizando así, la capacidad de respuesta o adaptación a los cambios del entorno local y global.
Como ya sabemos, una economía centrada en el crecimiento indiscriminado conlleva el riesgo de destruir las condiciones de posibilidad de la vida tanto humana como no humana. Por ello, “la producción de la riqueza tiene que hacerse en términos tales que las fuentes de ésta –el ser humano y la naturaleza– sean conservadas, reproducidas y desarrolladas junto con la riqueza producida” (Hinkelammert y Mora, 2003). En este sentido, la apuesta es hacia la promoción y consolidación de una “economía para la vida” cuya orientación esté en función de la satisfacción de las necesidades del conjunto de los seres humanos y de la reproducción ampliada de la vida, alejándose de este modo de la lógica de acumulación y sobreproducción. Esto implica priorizar el acceso al trabajo o a los medios de vida que proveen sustento, como condición necesaria de calidad de vida, pero también como mecanismo de integración y en tanto medio de restitución de la dignidad humana. Sin embargo, dentro de este proceso, se hace fundamental el establecimiento de límites efectivos a las formas de producción y consumo que desequilibran las condiciones necesarias para la vida.
El modelo ChanGo sostiene a las comunidades desde el fortalecimiento de sus medios de vida, centrándose principalmente en las personas, en los puntos fuertes de la comunidad y en sus estrategias de vida y mejoramiento comunitario. El modelo empieza a partir de un análisis diagnóstico de las necesidades y potencialidades, involucrando a la comunidad en el proceso, rescatando los conocimientos locales, el aprendizaje mutuo y respetando la diversidad de visiones. Las herramientas participativas y el trabajo comunitario son la base para reconocer el potencial inherente a cada territorio. Esta potencialidad se deriva de la densidad de las redes sociales, de la disponibilidad de recursos físicos e infraestructura, de su gobernanza apropiada desde las instituciones sociales y su sociedad, o de cualquier otro factor que tenga un potencial de reducción de las vulnerabilidades.
Mediante el trabajo horizontal con diversos actores del territorio, ChanGo busca generar y promover proyectos productivos, emprendimientos, empleabilidad y proyectos de conservación que ayudan a potenciar las estrategias locales y conseguir resultados en materia de medios de vida, esto es, más ingresos, mayor bienestar, menor vulnerabilidad, mayor seguridad alimentaria, recuperación de la dignidad humana, todo lo cual nos acerca a la consecución de territorios justos y sostenibles.
Los principios que guían nuestro trabajo en medios de vida:
- Participación: está centrada en las personas, quienes deben ser partícipes activos del proceso, identificando sus prioridades, intereses y necesidades.
- Énfasis en las potencialidades: se focaliza en las oportunidades, capacidades, fortalezas por sobre los problemas y necesidades.
- Enfoque de derechos: promueve los derechos y acentúa la importancia del empoderamiento de las personas para que los exijan y defiendan.
- Multi-nivel: vincula políticas e iniciativas locales con otras políticas a nivel regional o nacional.
- Cooperación: entre actores del sector público y el privado.
- Sostenibilidad: orientado a la capacidad de mantener la base de recursos económicos, institucionales, sociales y ambientales de los cuales derivan los medios de vida.
- Dinamismo: reconoce la naturaleza dinámica de las estrategias de los medios de vida, responde de manera flexible y desarrolla compromisos en el largo plazo.
- Interdisciplina: implica un trabajo conjunto interdisciplinario con base en la experticia y el interés.
A lo largo del proceso de investigación, fueron emergiendo y revelándose las principales fortalezas del modelo. Uno de los puntos fuertes que fue mencionado en todas las instancias del proceso fue la integralidad y la articulación de las tres herramientas propuestas, para el enfrentamiento de problemáticas territoriales.
CÓMO CITAR:
Carneros, S., Paredes, S., Zamboni, V. (Coords.) (2022). Repensando el Modelo Chango. Fundación Vueltas: Quito