El origen del concepto Justicia y la aparición del término Justicia Social

El origen del concepto de Justicia podemos encontrarlo en los filósofos de la antigua Grecia para quienes este término está asociado a la felicidad, entendida como una mezcla entre el placer y la sabiduría (Bellmont, 2012).

La obra La República dePlatón (380 a.C./2005) aborda la organización de la ciudad-estado ideal, siendo la Justicia el tema principal. Sócrates y sus interlocutores, protagonistas de la obra, definen inicialmente la Justicia como ayudar a los amigos y dañar a los enemigos. Sin embargo, descontentos con esa primera aproximación, Sócrates decide construir kallipolis, su ciudad ideal, para estudiar los orígenes de la Justicia (Kamtekar, 2001; Murillo y Hernández-Castilla, 2011; Platón, 380 a.C./2005). La Justicia se describe como la virtud fundante y preservante porque solo cuando alguien comprende la Justicia puede conseguir las otras tres virtudes (prudencia, fortaleza y templanza), y cuando alguien posee estas virtudes, es la Justicia la que las mantiene todas juntas (Sánchez-Prieto, 2010).

Aristóteles (384-322 a.C.) intenta esclarecer el concepto de Justicia y sus componentes éticos y morales en su obra Ética NicomaquéaoÉtica a Nicómaco”(Aristóteles, 349 a.C./1976), compuesta por diez libros que forman los pilares básicos de la ética occidental actual. Concibe dos modos fundamentales de esta virtud: la Justicia Legal o General cuanto trata la ordenación al bien común, y la Justicia Particular, dividida, a su vez, en una Justicia Distributiva (distribución) y una Justicia Conmutativa (modos de trato). Esta última, puede referirse, tanto a los modos de trato voluntarios (Justicia Conmutativa propiamente dicha), como a los involuntarios (Justicia Conmutativa Judicial) (Contreras, 2012).

Aristóteles entiende por Justicia Distributiva dar a cada uno lo que le corresponde en proporción a su contribución a la sociedad, sus necesidades y sus méritos personales, refiriéndose a honores, salud y bienes materiales. Junto a esta Justicia Distributiva, la Justicia Conmutativa o Correctiva restaura la igualdad perdida, dañada o violada, a través de una retribución o reparación regulada por un contrato (Chafuen, 1985; González-Radío, 2000; Murillo y Hernández-Castilla, 2011).

Dando un salto temporal, es importante destacar a Tomás de Aquino (1224-1274), quien entiende la Justicia como la Ley Natural y la define como el hábito por el cual se le da a cada persona lo que le es propio mediante una voluntad constante y perpetua (Tomás de Aquino, 1273/2002). González-Radío (2000) señala que el pensamiento de Tomás de Aquino continúa con el posicionamiento de Aristóteles, donde la Justicia ordena todas las relaciones personales. Para Tomás de Aquino (1273/2002), la Justicia es la virtud por la cual una persona dirige sus acciones hacia el bien común (Berchmans, 2003; Martínez-Barrera, 2006; Yon, 2005).

Tomás de Aquino, al igual que Aristóteles, distingue dos tipos de Justicia: la Justicia Distributiva y la Justicia Conmutativa (Tomás de Aquino, 1273/2002). La Justicia Distributiva implica una obligación de distribuir los bienes proporcionalmente de acuerdo con la contribución de cada persona a la sociedad. La Justicia Conmutativa, por su parte, gobierna las relaciones entre las personas y depende de un acuerdo. De esta manera, la Justicia Distributiva es tanto un prerrequisito como un resultado de la Justicia Conmutativa (González-Radío, 2000; Klett Lasso de la Vega y Martínez de Anguita, 2013; Murillo y Hernández-Castilla, 2011).

La definición de Justicia de Aristóteles y Tomás de Aquino, ambas relacionadas con dar a cada uno lo suyo, sirve como base al pensamiento cristiano en la elaboración de su propio planteamiento de Justicia (Murillo y Hernández-Castilla, 2011).

Por otro lado, el Utilitarismo es otra corriente filosófica que marca el concepto actual de Justicia Social. Filósofos del siglo XVIII como David Hume (1739/1957), Adam Smith (1759/1976) o Jeremy Bentham (1789/1907), o del XIX como John Stuart Mill (1843/2010), defienden la teoría moral utilitarista. Estos basan sus ideas en el siguiente principio: “la mejor acción es aquella que procura la mayor felicidad al mayor número y la peor acción la que, del mismo modo, otorga miseria” (Hutcheson, 1725, p. 8).

Los pensadores utilitaristas tenían como idea principal que cuando las instituciones más importantes están dispuestas de tal modo que obtienen el mayor equilibrio neto de satisfacción distribuido entre todos los individuos pertenecientes a ella, entonces la sociedad está correctamente ordenada y es justa (Aranda, 2013; Caballero-García, 2006; Cejudo, 2010).

Murillo y Hernández-Castilla (2011) señalan que el utilitarismo defiende el bienestar de cualquier grupo de personas,entendiéndolo como la suma de los placeres de sus integrantes. “El utilitarismo, en su versión primaria, recomienda la elección de una acción en función de sus consecuencias y una valoración de las consecuencias en términos de bienestar” (Sen y Williams, 1982, p. 4).

Otra gran influencia filosófica de los siglos XVII al XIX en la concepción actual de Justicia Social y Ambiental es el contractualismo. Algunos de sus máximos representantes son Thomas Hobbes (1651/1996), Jean-Jacques Rousseau (1762/1996), John Locke (1690/2003) e Immanuel Kant (1781/2005).

Locke (1690/2003) señala que en un estado inicial o de naturaleza del ser humano, las personas serían libres, iguales e independientes, pero no habría trabajo, ni agricultura, ni cultura, ni transporte. La vida de los hombres sería solitaria y peligrosa, dado que existiría el riesgo permanente de ser asaltado o morir asesinado. La teoría contractualista defiende que los seres humanos acuerdan un contrato social implícito para vivir en sociedad, lo que les otorga ciertos derechos a cambio de abandonar la libertad de la que dispondrían en estado de Naturaleza (Rousseau, 1762/1996).

Para Rousseau (1762/1996), la Justicia no puede definirse solo como una igualdad formal sino como el ejercicio de la libertad, que demanda una serie de condiciones de igualdad económica y social. El concepto de contrato es una ley que une los derechos y los deberes con el fin de conducir la Justicia a su objeto.

Por otro lado, Kant (1781/2005) realiza una reflexión sobre los principios fundamentales del comportamiento ético, que es asociable con el concepto de felicidad: la auto-obligación, la incondicionalidad y la universalidad, donde lo imperante se establece como norma y lo categórico como una condición que se aproxima a la Justicia (Marai, 2015). En definitiva, señala que el comportamiento es moral y justo cuando la persona hace lo que debe hacer obedeciendo a una ley universal, es decir se supedita el conocimiento científico al servicio de la moral (Kant, 1781/2005; Murillo y Hernández-Castilla, 2011).

El término Justicia Social es utilizado por primera vez en 1843 por Luigi Taparelli (1843/1949), un sacerdote jesuita italiano. En su obra “Saggio teoretico di dritto naturale, appoggiato sul fatto” (Ensayo teórico sobre el derecho natural apoyado en los hechos) señala que “la Justicia Social debe igualar de hecho a todos los hombres en lo tocante a los derechos de humanidad” (Taparelli, 1843/1949, p. 355).

Murillo y Hernández-Castilla (2011) señalan que tuvieron que transcurrir varias décadas para que el término Justicia Social volviera a ser utilizado, concretamente en los “Fabian Essays in Socialism de 1889. Estos ensayos suponen el programa de la Sociedad Fabiana (movimiento socialista británico) y en ellos consideran que la Justicia Social desempeña el papel de finalidad ética por excelencia, para guiar la evolución social mediante cambios no revolucionarios ni marxistas hacia un sistema de socialdemocracia (Shaw et al., 1889). A partir de aquí, fue adoptado por los partidos socialdemócratas, principalmente en Inglaterra, Francia y Argentina.

Tras muchos enfrentamientos sociales y políticos en el siglo XIX y principios del siglo XX, promovidos por movimientos obreros en búsqueda de una mayor Justicia Social, en 1919 se funda la Organización Internacional del Trabajo (OIT). La Constitución de la Organización Internacional del Trabajo (1919) señala que la paz universal y duradera solo puede alcanzarse si se basa en la Justicia Social. Al aceptar el Premio Nobel de la Paz en 1969, David Morse, Director General de la OIT, señalaba que la construcción de un orden mundial verdaderamente pacífico basado en la Justicia Social es la tarea de la OIT (Rodgers, Swepston, Lee y Daele, 2009).

En 1931, la noción de Justicia Social se incorpora a la doctrina social de la Iglesia Católica, al utilizarla el papa Pío XI en la Encíclica Quadragesimo anno. Para Pío XI, la Justicia Social es un límite para establecer la distribución de la riqueza en una sociedad, reduciendo la diferencia entre las personas ricas y las necesitadas:

A cada cual, por consiguiente, debe dársele lo suyo en la distribución de los bienes, siendo necesario que la partición de los bienes creados se revoque y se ajuste a las normas del bien común o de la Justicia Social, pues cualquier persona sensata ve cuán gravísimo trastorno acarrea consigo esta enorme diferencia actualmente unos pocos cargados de fabulosas riquezas y la incontable multitud de los necesitados. (Pío XI, 1931/2006, p. 43)

La aparición en las primeras décadas del siglo XX del constitucionalismo social, el estado de bienestar y el derecho laboral, son cuestiones que rápidamente se vincularon con las ideas de Justicia Social. Múltiples autores y autoras influyen en su definición actual y se posicionan de forma diferente ante la elección del criterio más adecuado para distribuir los bienes y las cargas en la sociedad (De la Torre Martínez, 2005).

La Justicia Social en la actualidad es protagonista en la consecución de muchas metas relacionadas con los derechos humanos, la pobreza, la paz o la democracia. Y su importancia es total como podemos contemplar en la afirmación que utiliza De la Torre Martínez (2005) “no hay verdadera democracia sin Justicia Social y no hay verdadera Justicia Social sin democracia” (p. 688).

Sergio Carneros

Referencias de los autores/as citados: Aquí

Para citar: Carneros, S. (2018). La escuela alternativa: un modelo en búsqueda de la Justicia Social y Ambiental. Tesis doctoral. Universidad Autónoma de Madrid.

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